¿Hay algo más terrible que un lobo? ¿Un animal que haya sido presentado en tantos cuentos e historias como un personaje malvado, que se come animales, que se come a la abuela de Caperucita Roja y siempre persigue a los Tres Cerditos? Este es un divertido libro para desmitificar esta figura de una manera entretenida y original. El lobo  de este cuento está deconstruido y, con una letra en cursiva en la página de la izquierda, va contando su "construcción": me pongo mi nariz, me pongo mi ojo, me pongo mi otro ojo, me pongo mis orejas, me pongo mis dientes, etc. En la derecha van apareciendo estos elementos y se va creando poco a poco el rostro de un lobo. Sin duda sus dientes son lo más destacado y el rugido que ocupa dos páginas después de haberse puesto al cuello su servilleta y anunciar un terrible bocado. El humor llega pronto cuando el bocado sea... ­una zanahoria! Un libro  con el que disfrutarán los más pequeños por las sencillas ilustraciones, por la secuencia con la que se va armando el lobo, por el protagonismo de la comida y la ingenuidad final.

Lobo
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¿Hay algo más terrible que un lobo? ¿Un animal que haya sido presentado en tantos cuentos e historias como un personaje malvado, que se come animales, que se come a la abuela de Caperucita Roja y siempre persigue a los Tres Cerditos? Este es un divertido libro para desmitificar esta figura de una manera entretenida y original. El lobo  de este cuento está deconstruido y, con una letra en cursiva en la página de la izquierda, va contando su "construcción": me pongo mi nariz, me pongo mi ojo, me pongo mi otro ojo, me pongo mis orejas, me pongo mis dientes, etc. En la derecha van apareciendo estos elementos y se va creando poco a poco el rostro de un lobo. Sin duda sus dientes son lo más destacado y el rugido que ocupa dos páginas después de haberse puesto al cuello su servilleta y anunciar un terrible bocado. El humor llega pronto cuando el bocado sea... ­una zanahoria! Un libro  con el que disfrutarán los más pequeños por las sencillas ilustraciones, por la secuencia con la que se va armando el lobo, por el protagonismo de la comida y la ingenuidad final.