La técnica del «ombro-cinéma» debe su nombre a un juego óptico que estaba de moda a principios del siglo XX. Era un pequeño teatro de sombras chinas con un rollo de papel que giraba detrás de una lámina impresa en una pantalla transparente. Este ingenioso sistema permitía animar personajes presentando las dos fases de un movimiento de forma alternativa. Tanto para el cine como para el dibujo animado, la ilusión del movimiento está provocada por la persistencia de la retina: la capacidad del ojo para guardar en la memoria, durante una fracción de segundo, una imagen que acaba de desaparecer. Así es el principio del «flip-book».

París en Pijamarama
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